Los seis vasos que resuelven cualquier carta
No necesitas una vitrina llena. Con seis piezas bien elegidas puedes servir correctamente casi cualquier clásico, y sobra una que probablemente ya tengas.
Montar una barra en casa se descontrola rápido si intentas cubrir cada trago con su cristal específico. La realidad es que la gran mayoría de los clásicos caben en seis formatos, y tres de ellos ya resuelven la mayor parte.
Los tres imprescindibles
Highball, de 240 a 350 ml. Recto y alto, para todo lo que se completa con soda o tónica: gin tonic, mojito, paloma, cuba libre. Es el vaso que más vas a usar.
Rocks u old fashioned, de 200 a 300 ml. Bajo, ancho y de base pesada, para tragos con protagonismo del destilado servidos sobre hielo: Old Fashioned, Negroni, whisky solo. La boca ancha aquí es deliberada: deja que el alcohol se airee.
Copa coupé, de 150 a 200 ml. La de boca ancha y poco fondo, para todo lo que se sirve sin hielo: Daiquiri, Manhattan, Cosmopolitan, Whisky Sour sin hielo. Es la más versátil de las copas con tallo.
Los tres que completan
Collins. Más alto y estrecho que el highball. Esa proporción reduce la superficie en contacto con el aire, así que la carbonatación aguanta más. Para tragos largos que se beben despacio.
Nick & Nora, unos 150 ml. Como una coupé pero más cerrada y honda. Concentra mejor el aroma y, sobre todo, no se derrama al caminar con ella. Para Martini y Manhattan es superior a la copa clásica.
Copa balón o de vino grande. Para gin tonics y spritz: hay sitio para mucho hielo, para la guarnición y para que los botánicos se abran.
La que puedes saltarte
La copa de Martini clásica, la del cono en V. Es la más reconocible y la peor diseñada: el ángulo abierto derrama a la mínima, la superficie amplia acelera el calentamiento y la boca ancha deja escapar justo los aromas que un Martini tiene que concentrar. Una Nick & Nora o una coupé hacen mejor su trabajo. Consérvala si te gusta la estampa, pero no la compres pensando que es la opción correcta.